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martes, 3 de mayo de 2011

Cómo tomar decisiones

Puede que para algunas personas no suponga ningún problema, pero para muchas otras es causa de estrés e inseguridad, llegando a tener un gran impacto personal y profesionalmente. ¿Es este tu caso?
     Cada vez  que tienes que tomar una decisión especialmente importante no sabes qué hacer. Le das vueltas y más vueltas a las distintas posibilidades, con miedo a cometer un error y pensando en lo peor que podría pasar. Así que te encuentras estancada, frustrada, sin energía y con ganas de decidirte de una vez, ¿verdad? Sin embargo, ahí sigues, sin ser capaz de tomar una decisión...
     ¿Por qué es tan difícil para ti tomar decisiones?
     Estas son algunas de las posibles causas:
- Crees que tu decisión va a ser permanente, para siempre.
- Quieres tomar la mejor decisión, la que te asegure un resultado perfecto (y eso implica la capacidad de leer el futuro).
- Tienes miedo a equivocarte.
- Te influye lo que otras personas piensan y esperan de ti.
     ¿Te das cuenta? No me extraña que te cueste tomar decisiones, tienes muchas expectativas y presiones, y ¡además necesitas predecir el futuro!
     Recomendaciones para ayudarte a tomar decisiones:
·         Sé sincera contigo misma, tú ya sabes lo que hacer. Sí, ya lo sabes. Otra cosa es que quieras hacerlo.
 
●        El número de razones que tienes para hacer algo es inversamente proporcional a las ganas que tienes de hacerlo. En resumen, cuando uno quiere hacer algo, no necesita razones; si te las das es porque no estás muy convencida.
 
●        ¡Cambiar de opinión es posible! (en la mayoría de los casos). Esto es algo que quiero que tengas siempre presente, porque la idea de que nuestras decisiones son irrevocables genera, y con razón, mucha ansiedad. Las decisiones no  tienen que ser de por vida (como dije antes, en la mayor parte de los casos), y no pasa nada si cambias de opinión más tarde.
 
●        Lo  realmente importante no es la decisión en sí, sino las consecuencias, la repercusión. Eso significa que cualquier decisión puede ser para bien si sabes cómo lidiar con las consecuencias. No es una mala decisión cometer una equivocación al elegir, pero sí lo es no hacer nada al respecto (aparte de quejarte).
 
●        No te obsesiones con tomar la mejor decisión posible, proponte elegir la opción que conlleve un mayor desarrollo personal o profesional. Si, al cabo de un tiempo, ya no te satisface la opción escogida, no pienses que cometiste un error sino que necesitas seguir creciendo, que dicha elección ya no aporta nada a tu desarrollo.
     Entonces, ¿cúal es la manera más sencilla de tomar una decisión?
     Empieza por escucharte a ti misma y pregúntate qué es lo que realmente quieres hacer. Cuando las opciones a considerar son similares, yo uso un método que al principio me pareció absurdo pero que he utilizado mucho:
     Toma una moneda (no estoy bromeando, sigue leyendo), prométete que vas a hacer lo que la moneda diga. Lanza la moneda y mira el resultado.
     ¿Qué has sentido al lanzar la moneda? ¿Qué resultado querías que saliera? ¿Y cuando la moneda cayó? ¿Cómo te sentiste? ¿Aliviada, decepcionada, ilusionada? Todo esto te dice lo que quieres saber. Y te aseguro que funciona, casi sin quererlo te encontrarás pensado “que salga cara” o “nooo, yo prefería la otra” y así te darás cuenta de lo que realmente quieres. De verdad, pruébalo, no estás dejando tu futuro en manos de una moneda sino que estás escuchando lo que verdaderamente sientes.
     ¿Te ayudarán estas recomendaciones a tomar siempre las mejores decisiones? No, ni es ese su propósito tampoco. Recuerda que no pasa nada si cometes errores, que aprenderás, que mejorarás...

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